0.5. La exposición de Xavi García2018-12-04T12:50:53+00:00

0.5. La exposición de Xavi García
En realidad no eran tres hombres y un destino: eran tres hermanos, una hermana, la madre (nuestra abuela), la tía soltera (nuestra tía-abuela), sus tres mujeres, el marido y un montante total de seis hijas y tres hijos con una diferencia de edad (del mayor, al más pequeño) de 14 años. Y la cocinera, nuestra adorada Antonia, su marido y sus cuatro hijos (que después fueron más) y los camareros y Lola, y Pau, y un largo etcétera.
Y también estaban las hermanas y hermanos de cada una de las madres, con sus respectivas parejas e hijos e hijas, nuestras primas (nosotras siempre en mayoría). Y los amigos de los padres y de sus hijos y las amigas de las madres y nuestros amigos. El crecimiento social de nuestros encuentros era exponencial y claro, con tanta gente era imposible que no se tocaran todos los temas habidos y por haber. Las paredes del hotel han oído hablar de política, de arte, de paisaje y urbanismo, de música y cine, de geografía, de viajes, de ciencia, de religión, de guerras y de paces, y de tantos otros temas que amenizaban las tórridas tardes de verano y sus agradables y frescas noches en la terraza o las frías noches de invierno en el salón abarrotado.
El hotel era un espacio de acogida: recibía tanto a gente de fuera como a gente de aquí. Siempre sumando abrazos, besos y risas. Discusiones y regalos. Bodas y bautizos, comuniones y cumpleaños, fines de año y comidas de Navidad, cuando cenábamos la familia (mínimo 17 personas) más todos aquellos y aquellas que se sumaran, sin previo aviso. Un festival.
Y ese acoger y abrazar, nos enseñó muchas cosas, (diferentes protocolos sociales según países, tradiciones extranjeras, lenguas), nos hizo más tolerantes, más sociales e internacionales y menos orgullosos.Y al mismo tiempo, nos enseñó a valorar nuestra tierra de otra manera, con orgullo sí, pero también con la humildad de saber que paraísos hay infinitos y que la diferencia, la marcan las personas.
Y hablamos de un momento en que lo habitual era que más de la mitad de la población local vistiera de negro (o de ‘mig dol’, que significa de medio duelo), que se iba a misa todos los domingos y a los padres de nuestros padres se les llamaba de usted. El choque cultural entre la vida dentro del hotel y la de fuera, la de esa Altea ‘vestida de dol’ era brutal.
Y pasan los años y las peques crecemos, y nos marchamos, los padres y madres van falleciendo de manera inevitable y el hotel muere poco a poco con ellos. Y lo alquilamos. Y nunca vuelve a resurgir ese espíritu acogedor que nos ha educado en la tolerancia y en la diversidad hasta que lo retomamos la familia de nuevo con todo el cariño del mundo en abril.
Tres meses más tarde, el 7 de julio, inauguramos la exposición de @XaviGarcía, artista de nuestra tierra, que con sus telas cargadas de mensajes escritos, pintados, en un lenguaje internacional, y sus ciudadanos solitarios, cargados de contradicciones, introduce un soplo de aire colorido y fresco en nuestro hotel. Un montón de gente de aquí y de muchos allá, vino a acompañarnos. Y fue una doble celebración, y doble motivo de agradecimiento. El amor al arte nos reunía para disfrutar de el como solo se puede hacer en las ocasiones en que alimentamos el espíritu con la belleza que la humanidad es capaz de crear, y por otra parte, invitamos a la gente local a disfrutar de un espacio normalmente reservado a nuestros visitantes, conectando la vida de quienes nos visitan con las nuestras que los recibimos y los acogemos de manera provisional.
Nuestras paredes volvieron a escuchar conversaciones como las de antaño. En un pequeño acto, trascendimos la relación comercial habitual de la gente local con los turistas. Y parece una tontería, pero no sólo de buenas instalaciones se alimentan los viajeros y la prueba nos la han dado hoy unos clientes que se marchaban que han puesto en pocas palabras lo que nos está costando tanto transmitiros aquí.

La diferencia la marcamos nosotros, las personas, más que los paseos y las playas y las reformas urbanas del tipo que sean. La diferencia la marcamos quienes usamos esos paseos y esas playas. Y nuestro hotel, la exposición de Xavi García y toda la gente que nos acompañó, construimos con nuestra presencia, una Altea mejor, más acogedora, más tolerante y mucho mejor preparada

Y después, podemos poner mejores bancos y construir espacios más humanos. Pero la humanidad, siempre, y antes que nada, la ponemos nosotros y a nosotros es a quienes recuerdan.
Agradecidas como siempre, a todas aquellas personas que nos acompañasteis el día de la inauguración, a las que reísteis y después cenasteis un ‘arroset negre’, a las que nos visitasteis después de tantos años sin vernos y a las que no pudisteis venir, pero que estabais con nosotros.
Gracias a Xavi Garcia, cómo no. Y a Josep Lluís Gonzalez Cuervo, claro. Y también a Salva G G Viernes, el hombre lobo, y a toda la gente de La Terrassa De Ca Jaume por su apoyo.
Y también gracias, y muchas, a esos visitantes que nos han dicho cosas tan bonitas. Dijeron que nos iban a recomendar, que nuestro hotel era una preciosidad, pero que nosotras lo hacíamos mucho más hermoso.
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